No tengo una carpeta que se llame Nueva Zelanda, tenía un cuaderno de tapa dura, verde agua y hojas con borde dorado. Me sirvió para escribir muchos pensamientos pero terminó en la basura. Cálculo que así terminan mis recuerdos analógicos últimamente cuando mi vida tiene que entrar en dos valijas, a veces me cuesta un poco saber qué soltar y a qué aferrarme. Definitivamente eso aplica, también, para otros aspectos de mi vida.
Cuando era más chica no escribía para ser leída, y cuando crecí, esa otredad que lee y mira y escucha y juzga empezó a crecer como una sombra que repite que tampoco soy lo suficientemente buena para esto.
¿Qué pasa en Alemania? ¿Por qué tengo un documento que se llama así y he sentido la necesidad de sacar cosas de adentro nuevamente? Alemania me enfrenta de nuevo a aquello conocido y contaminado, ese FOMO imposible de ser dominado que me ha atormentado en tantos otros momentos.
Desde hace un tiempo cada vez que empiezo a escribir nunca término, simplemente llega un momento donde me canso y decido que esto también es mucho esfuerzo físico y mental y que mejor lo hago otro día.
Freud, o tal vez Lacan me enseñaron claramente que las resistencias empiezan a actuar cuando una se acerca a lo inconsciente que no puede enfrentar. Actúan como ideas (estoy cansada, mejor lo dejo), actúan en el cuerpo (me duele la espalda porque no estoy en una posición cómoda para escribir, me duele la cabeza porque no tome suficiente agua hoy, me duele la muñeca porque estoy trabajando mucho, mejor lo dejo). Hace años que cada vez que escribo aparece esa idea, hace años que no conecto con ningún arte, que no sublimo nada de lo que me pasa, que sólo lo intento enterrar o dejarlo lejos, o racionalizarlo.
Este año va a ser diferente.
Descubrí que tal vez no quiero vivir pensando en los grandes problemas de la vida, que tal vez no me quiero enfrentar a la muerte hasta no tenerla realmente en frente, que tal vez no quiero acompañar más la tristeza que no me invita, que no quiero sentirme más responsable por el dolor ajeno.
No pretendo entender la felicidad como un ser sino mas como un estar, pero sí pretendo poder darle al dolor y a la infelicidad el espacio que se merecen. No quiero normalizar de nuevo el estar mal, ni que mi cabeza cree monstruos invisibles que me intentan dominar. Quiero practicar guardar templanza en los peores momentos, y reservar la energía para los momentos de dicha que realmente la merecen.
Me exijo mucho, no me quejo de eso, pero muy de golpe. Y así me frustro. Me frustro cuando me exijo cosas para ayer sólo para hacerlo imposible, porque sé que puedo, pero no contra el tiempo.
Ahora, por ejemplo. Necesito vomitar todo esto que tengo adentro para crear y conectarme con este arte que tan propio me es. No puedo empezar ninguna página en blanco con la mejor frase del mundo, y este aprendizaje será el gran reto este año.
Gracias al día de hoy por permitirme terminar una página en blanco, como hacía tantos años no podía hacer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario