sábado, 14 de febrero de 2026

Abuela

 Ya conté muchas veces esta historia pero estimo que llegó el momento de contarmela a mi misma. 

Dos semanas antes de volver a migrar, después de haber pasado un mes y medio en mi país natal, mi abuela se enfermó. Fueron dias muy difíciles, no sé si sería capaz de ordenar en la escritura todas las cosas que pasaban por mi cabeza. Así como hay muchas preguntas existenciales del encuentro con la muerte que tampoco, creo, sería capaz de decir de en voz alta. 

Hice lo que mejor sé hacer cuando migro, y me convertí en piedra y seguí adelante. Seguí yendo todos los dias a su casa, a cuidarla, a verla mejorar y empeorar, a escucharla, a hablarle, a abrazarla. La vi apagarse muy rápido, pero lo peor de todo fue que la vi ser consciente de ello.  

Por eso el dia que fui a despedirla, me convertí en la piedra mas dura del acantilado, porque sabía que, con todo el dolor del mundo, mi deseo siempre iba a acompanar al suyo, y esa despedida era para siempre. 

Un mes y medio despues, sola en mi llegada a Alemania, recibí el mensaje de que mi abuela ya se habia ido. 

Mi abuela, que por suerte nunca dudó de mi capacidad para escuchar su deseo, y me fue sincera y transparente en los momentos de soledad, despojándose de esa coraza de deber ser que la acompañó toda su vida, también es el reflejo de las abuelas del mundo, que desean nietas libres, empoderadas e independientes. Mi abuela, que donde está, está orgullosa de quien soy y de lo que he logrado, como su nieta, como persona, y como mujer.

Gracias abu, nos vemos en alguna vuelta.