martes, 22 de septiembre de 2026

Tres años

Hace tres años me subía a un avión por primera vez sin pasaje de vuelta. Recorrí una incalculable cantidad de kilómetros por el Pacífico en contra de la rotación de la Tierra, y aterricé habiendo volado dieciséis horas, aunque el calendario marcaba dos días después. Primer aprendizaje: hay mucha diferencia horaria entre Argentina y Nueva Zelanda, y el tiempo es un loco que se da vuelta apenas te pones a volar.

Todavía no puedo escribir lo increíbles que fueron esos dos años; es como si de alguna manera los resguardara de la realidad, como si no ponerlos en palabras ayudara injustificablemente a conservar esa llama que marca la magia de mi existencia.

Nueva Zelanda me cambió para siempre y, desde que me fui de ahí, nunca más encajé en ningún otro rincón del mundo. Las fronteras se expandieron y el mundo se volvió mucho más literal y chiquito.

miércoles, 26 de agosto de 2026

Momento

Qué momento tan sublime ese que dilato con la esperanza de que se hagan eternos los instantes a tu lado.

Y como hace tiempo ya que me visto de cobarde, después de anoche decidí mantener cerrada la canilla de rosas que perfuman mi mundo cuando te pienso.

Igualmente gotea, y si cierro los ojos muy rápido apareces cantando o tocando la armónica frente al teclado. Pasándome el trago o preguntándome qué hice en el día. Después aparece una imagen bastante borrosa, seguro que ya era tarde. Pero, al parecer, hay imágenes que no hace falta ni invocarlas para sentirlas, y momentos que no hace falta siquiera estar del todo consciente para que se me impregnen en el alma.

Ni siquiera es una imagen de tu cara: está solo tu sonrisa y tal vez tu nariz. Tu mirada, que da al sudeste y brilla por ese amigo que te está mostrando un tema por primera vez. Y lo más triste es que me doy cuenta, por el terror que me abrasa, de cómo se me agranda el amor al verte siendo feliz con su felicidad.

Aun así, aunque la busco, lo que no veo es tu mirada de universo; creo que no la pude encontrar. Me habrá dado miedo que me descubras: que se me escape el amor a través de los ojos. Me habrá dado miedo inventar una nueva forma de contacto interhumano que utilice algún lenguaje que entiendas y que, pupilas mediante, te grite todo lo que los demás sentidos eligen callar. 

A fin de cuentas, estoy segura de que mis ojos son dueños del único sentido sobre el cual no tengo ningún control real. Y no, no hablo de la vista tanto como hablo de la capacidad que tienen de expresar todo lo que padezco callar.

miércoles, 19 de agosto de 2026

Enamorarse

Al final es así como dicen, y el cliché más antiguo de la humanidad resulta ser tan cierto como la muerte y tan real como las montañas. Definitivamente, tal vez no haya nada mejor para quien escribe que estarse muriendo de amor, y mejor aún si es un amor que no quema de vuelta.

Voy a escribir todo esto con la esperanza de sacarlo de adentro, hacerlo real y no volver a pensarlo nunca más en la vida. Aunque sepa, mientras lo escribo, que me estoy mintiendo y que, en realidad, lo único que deseo es prenderme fuego todos los días en ese calor que solo siento cuando te escucho decir mi nombre, sonriendo y sabiendo que es eso lo que quiero para siempre.

Y decirte alguna noche, entre vinos y armonías, que lograste derrocar en un par de horas el despotismo de lo efímero que gobierna estas tierras desde hace ya tantos años, continentes e idiomas. Que no hizo falta más que ese aquelarre de almas para volver a creer en la eternidad, quizás porque descubrí, en ese instante, que el universo siempre se había escondido en tus ojos.

Contarte que me enamoré de tu manera de amar a otros y de acompañar a extraños en dolores extrafalarios. Que me enamoré de tu entereza ante el dolor y de tu sensibilidad ante el amor. Pero que, por sobre todo, me enamoré de ese brillo en tus ojos llorosos que solo aparece ante quien ha sabido abrirte el alma.

El amor se construye con el tiempo, pero enamorarse no es otra cosa que la magia de este mundo; y, como una llama, no necesita más que un momento para encenderse.

miércoles, 8 de abril de 2026

(no)ser

El idioma castellano tiene la particularidad más preciosa y difícil de explicar a cualquier extranjero, que es la diferencia entre el ser y el estar (y también entre el querer y el amar). No sé exactamente lo que dice la RAE, pero vamos a confiar en que podemos moldear un poco el lenguaje y vamos a decir que lo que solemos denominar bajo la categoría del “ser” es una esencia que se configura atravesada por la variable del tiempo, y que en cualquier momento se puede cortar por un estar.

En el imaginario social el ser es permanente y el estar es momentáneo, pero si volamos un poco más podemos reconocer que cualquier cosa que catalogamos en la categoría de ser es en realidad una fantasía de identidad y que, si bien no descartamos la categoría, la vamos a cruzar con la variable tiempo para hacerla funcionar.

Lo que decimos que somos es en realidad un estado extendido en el tiempo y en cualquier momento puede ser interrumpido: cosas que denominamos bajo la categoría de ser como un nombre, una identidad sexual, una profesión o un estado civil.

La versatilidad humana pareciera ser, entonces, de las aptitudes más importantes en esta vida en constante movimiento. Aprender a dejar de estar, a no-ser. En definitiva, lo que empezamos a padecer en el ejercicio de la adultez.

martes, 7 de abril de 2026

Abrazos

Tenía 12 años cuando empecé a escuchar Led Zep, sin saber que era el inicio del vínculo más estable de mi vida.

Mis intentos fallidos con la monogamia vendrían a reprocharme la aclaración de que no es el vínculo con la banda, sino con los efectos del rock 'n' roll en el cuerpo. Lo vincular visto como algo genérico, que si bien requiere de la impronta única que hace a los vínculos particulares, no deja de ser una manera de abrazar: al mundo y a los otros. Si nos preguntamos desde dónde nace lo vincular en cada uno, no podemos más que señalarnos a nosotros mismos y a las fibras más carnales de nuestro deseo; carnales porque lo vincular hace real el encuentro del deseo con el mundo, y en esa acción usa el cuerpo como vehículo.

Hay algo en lo instrumental que nos atraviesa y que nos hace sentir sin tocarnos. Como una brisa que moviliza montañas inconscientes, o un suspiro que mueve escudos imaginarios. 

En Alemania me faltaron muchos abrazos, y en un intento de escaparle a la soledad con auriculares inalámbricos, me (re)encontré con la alta fidelidad de ese calor que solo puede marcar el compás.

sábado, 21 de marzo de 2026

Joven

Llegando a los 30 descubrí que hay mucha más gente más joven que yo de la que había antes. Me di cuenta de muchas cosas, muchas cosas que ya sabía, pero como me enseñó el psicoanálisis: no es lo mismo saber que darse cuenta.

Me di cuenta de que el tiempo pasa en una sola dirección, y que la certeza de la vida, la muerte y el paso del tiempo son en realidad las ideas más distópicas a las que me he tenido que enfrentar. No parece que fueran reales, porque no se pueden racionalizar, y entonces, como buena casi treintañera que mira a la adultez a la cara y le dice: «you shall not pass», me enfrento a que las cosas más importantes de la vida son incapaces de ser racionalizadas y, si bien sigo encontrando refugio en mi carrera profesional, emocionalmente me abro a dejar ir ese guidance racional que tanto me ha sabido identificar, y me conecto con un presente menos superyoico y más emocional.

Esto no implica no entender el sufrimiento propiamente capitalista ligado a las condiciones materiales de existencia que ha sabido extender este sistema y alcanzar con él a cada ser humano, sino entender que al momento de hacer un análisis más individual y personal de mis deseos y de mi futuro, el psicoanálisis lacaniano tiene muchas más respuestas de las que pudiera imaginar.

El encuentro con el lenguaje hace que sea imposible que la respuesta a la pregunta por la identidad no esté atravesada por el deseo del Otro que me es heredado, y es solo reconociendo esa mediación que puedo acceder a conocer algo de mi deseo: en lo que digo, pero también en lo que callo y repito.

La vida adulta viene entonces acompañada del fin de la ilusión. Andy dijo: «I wish there was a way to know you're in the good old days before you've actually left them». Y es exactamente en este momento donde elijo saberme pisando ese terreno. Los rasgos obsesivos hacen que me salga exigirme disfrutarlo, sin tomar en cuenta que trabajar bajo presión nunca fue lo mío, y en realidad esa exigencia va totalmente en contra del profundo deseo de tranquilidad en medio del caos al que tanto aspiro.

jueves, 19 de marzo de 2026

¿Volvemos?

No tengo una carpeta que se llame Nueva Zelanda, tenía un cuaderno de tapa dura, verde agua y hojas con borde dorado. Me sirvió para escribir muchos pensamientos pero terminó en la basura. Cálculo que así terminan mis recuerdos analógicos últimamente cuando mi vida tiene que entrar en dos valijas, a veces me cuesta un poco saber qué soltar y a qué aferrarme. Definitivamente eso aplica, también, para otros aspectos de mi vida. 

Cuando era más chica no escribía para ser leída, y cuando crecí, esa otredad que lee y mira y escucha y juzga empezó a crecer como una sombra que repite que tampoco soy lo suficientemente buena para esto. 


¿Qué pasa en Alemania? ¿Por qué tengo un documento que se llama así y he sentido la necesidad de sacar cosas de adentro nuevamente? Alemania me enfrenta de nuevo a aquello conocido y contaminado, ese FOMO imposible de ser dominado que me ha atormentado en tantos otros momentos. 


Desde hace un tiempo cada vez que empiezo a escribir nunca término, simplemente llega un momento donde me canso y decido que esto también es mucho esfuerzo físico y mental y que mejor lo hago otro día.


Freud, o tal vez Lacan me enseñaron claramente que las resistencias empiezan a actuar cuando una se acerca a lo inconsciente que no puede enfrentar. Actúan como ideas (estoy cansada, mejor lo dejo), actúan en el cuerpo (me duele la espalda porque no estoy en una posición cómoda para escribir, me duele la cabeza porque no tome suficiente agua hoy, me duele la muñeca porque estoy trabajando mucho, mejor lo dejo). Hace años que cada vez que escribo aparece esa idea, hace años que no conecto con ningún arte, que no sublimo nada de lo que me pasa, que sólo lo intento enterrar o dejarlo lejos, o racionalizarlo. 


Este año va a ser diferente.


Descubrí que tal vez no quiero vivir pensando en los grandes problemas de la vida, que tal vez no me quiero enfrentar a la muerte hasta no tenerla realmente en frente, que tal vez no quiero acompañar más la tristeza que no me invita, que no quiero sentirme más responsable por el dolor ajeno.


No pretendo entender la felicidad como un ser sino mas como un estar, pero sí pretendo poder darle al dolor y a la infelicidad el espacio que se merecen. No quiero normalizar de nuevo el estar mal, ni que mi cabeza cree monstruos invisibles que me intentan dominar. Quiero practicar guardar templanza en los peores momentos, y reservar la energía para los momentos de dicha que realmente la merecen. 


Me exijo mucho, no me quejo de eso, pero muy de golpe. Y así me frustro. Me frustro cuando me exijo cosas para ayer sólo para hacerlo imposible, porque sé que puedo, pero no contra el tiempo. 


Ahora, por ejemplo. Necesito vomitar todo esto que tengo adentro para crear y conectarme con este arte que tan propio me es. No puedo empezar ninguna página en blanco con la mejor frase del mundo, y este aprendizaje será el gran reto este año.


Gracias al día de hoy por permitirme terminar una página en blanco, como hacía tantos años no podía hacer.

sábado, 14 de febrero de 2026

Abuela

 Ya conté muchas veces esta historia pero estimo que llegó el momento de contarmela a mi misma. 

Dos semanas antes de volver a migrar, después de haber pasado un mes y medio en mi país natal, mi abuela se enfermó. Fueron dias muy difíciles, no sé si sería capaz de ordenar en la escritura todas las cosas que pasaban por mi cabeza. Así como hay muchas preguntas existenciales del encuentro con la muerte que tampoco, creo, sería capaz de decir de en voz alta. 

Hice lo que mejor sé hacer cuando migro, y me convertí en piedra y seguí adelante. Seguí yendo todos los dias a su casa, a cuidarla, a verla mejorar y empeorar, a escucharla, a hablarle, a abrazarla. La vi apagarse muy rápido, pero lo peor de todo fue que la vi ser consciente de ello.  

Por eso el dia que fui a despedirla, me convertí en la piedra mas dura del acantilado, porque sabía que, con todo el dolor del mundo, mi deseo siempre iba a acompanar al suyo, y esa despedida era para siempre. 

Un mes y medio despues, sola en mi llegada a Alemania, recibí el mensaje de que mi abuela ya se habia ido. 

Mi abuela, que por suerte nunca dudó de mi capacidad para escuchar su deseo, y me fue sincera y transparente en los momentos de soledad, despojándose de esa coraza de deber ser que la acompañó toda su vida, también es el reflejo de las abuelas del mundo, que desean nietas libres, empoderadas e independientes. Mi abuela, que donde está, está orgullosa de quien soy y de lo que he logrado, como su nieta, como persona, y como mujer.

Gracias abu, nos vemos en alguna vuelta.

sábado, 21 de septiembre de 2024

Hace un año

Hace un año me despedía de tantas cosas, sobre todo de tantas cosas que no sabía que me despedía.

Sabía que me despedía del tiempo con mi familia y amigos, pero no sabía que me despedía también de la que soy cuando estoy con ellos; sabía que me despedía de mi casa, pero no sabía que también dejaba atrás todos los años en los que volver ahí fue mi lugar seguro.

Sabía que me despedía de la ciudad que me vio crecer, pero no sabía que me despedía también de los miedos que supo crear en mí; sabía que me despedía de Rosario y de la Universidad, pero no sabía que también quedaban atrás el perfeccionismo y la ansiedad.

Descubrí que estar lejos me acercó a mí, y no me olvidaría ni me arrepentiría nunca de este tiempo que supe darme, que es difícil de explicar para quien no lo vive, y más difícil aún intentar no sonar egoísta al contarlo.

Me tocó decirle adiós a mucha gente por última vez, y no estar para decirle bienvenido a este mundo maravilloso a quien supo llegar en este tiempo.

Mi corazón sigue siendo de todos los que siempre supo ser, solo que se agrandó un poco para alojarme a mí misma y a este sueño maravilloso que persigo y no me canso de alcanzar todos los días un poquito más.

domingo, 12 de noviembre de 2023

No podrás

Pasaron nueve meses.

¿Es este el aprendizaje del año? Sin dudas.
Me vine a vivir a cuarenta y ocho mil kilómetros de casa,
y, aun así,
el dolor más grande es el dolor de haberte perdido,
para siempre.

Ni siquiera sé qué te quiero decir.
Que dejarte ir es dejar ir una de las partes más felices de mi vida.
Que gracias por haber sido.
Que te vayas a la mierda,
que no merezco lo que pasó.

Sanar la pérdida de una amistad es la tarea más difícil para la que la vida nunca me preparó.

viernes, 28 de abril de 2023

Amistad


Es un poco duro a veces, 

cuando allí es donde aparece el lugar de la falta.

En esta era líquida, de liviandad del amor romántico,

nadie nos preparó para el peso de la amistad.

sábado, 18 de marzo de 2023

Devorador

     El otoño trajo el cambio, un cambio brusco pero imperceptible, que se fue colando poco a poco por los orificios de una vida acomodada. Y, sin querer, nuevamente me encuentro anhelando un pasado que no vuelve, porque simplemente por su condición pretérita ya no existe.

La amistad se volvió lejana y el amor se volvió inestable, la boca del estómago se retuerce y el alma parece que se sale un rato del cuerpo para soportar. 

...

La calma aparece con los años, que enseñan que la cabeza siempre encuentra la manera de jugar a ese juego del para siempre, ese juego que nunca gana pero que sostiene insistentemente por diversos períodos de tiempo, a lo largo de toda la vida.
Que muestran que lo único constante es el cambio, y que el dejar, soltar y fluir son las herramientas mas arcaicas e impetuosas contra eso que aparece como un estado de malestar interminable, eso que no se puede nombrar, y se simboliza como un payaso asesino en las profundidades de una alcantarilla de la gran ciudad; y que si se nombra se hace real aunque no se pueda ver y tocar. 

Pero no hay, nuevamente no existe, ni eso, ni el payaso asesino. 

Es esa niña llorando y gritando, aferrada de pies y manos a un poste intentando no caer en las profundidades de un agua que por debajo se muestra devoradora; pero al soltarse, el agua llega a las rodillas, y la risa se manifiesta ante tan absurda premonición de la muerte. 

...

Lo devorador no es mas que agua que llega a las rodillas, y a veces hay que ir a terapia para poder verlo.

sábado, 25 de febrero de 2023

Magia

La magia es cuando llueve

y yo flasho que es la misma agua que te mojó a la mañana,

aunque estemos viviendo a diez mil doscientos kilómetros de distancia

lunes, 28 de noviembre de 2022

Tiempo

Vengo acá siempre que me acuerdo del tiempo, ese tiempo que nunca parece que existe, y que solo existe cuando me acuerdo y vengo acá para contarlo.

Vivimos un amor sin tiempo, que no tiene ni pasado, ni presente, ni futuro, porque existe en la particularidad de los momentos y los abrazos. Existe también en estos momentos donde me desborda y es tan hermoso que no parece real, o es tan real que no parece hermoso; porque el amor, el amor tal como lo conocemos, el amor romántico, es una un poco injusto y da miedo.

Nos enseñaron a creer en un amor que duele, que discute y que tiene proyectos prefabricados, como esas casas que son menos resistentes pero más fáciles de armar.

Soy la mejor oradora en mi profesión, pero soy analfabeta al momento de explicar cómo armamos esto, tan de a poquito, sin buscarlo y sin darnos cuenta.

Nunca quisimos que funcione, solo cogemos bien. 

Vivimos un amor que no tiene tiempo, que solo tiene abrazos.

lunes, 26 de septiembre de 2022

Queremos

A veces te extraño cuando apenas te fuiste, o me extraño a mi, con vos.
No sé

Pero acá estamos, sin tiempo 
Y nos queremos mucho

lunes, 22 de febrero de 2021

Ex-traño

"En un mes me voy de viaje por largo tiempo, me gustaría que nos tomemos unas birras antes de que eso pase"

BUM

Pandemia

Se me hace todo tan extraño. 
Se me hace extraño porque ni en mil años de previsiones ansiosas como las que tengo todos los días, hubiera imaginado todo lo que finalmente pasó. 
Que ese mes nunca existió sino que se transformó en un tiempo infinito que nos encontró encerradxs, que nos encontró juntxs. 
Que en vez de una, fueron incontables las veces que entraste a mi casa, subimos el ascensor y nos sentamos en el balcón a tomar birra mirando el río; que en vez de una fueron incontables las veces que fumaste apoyado en la baranda; y que en vez de una fueron incontables las mañanas que te despertaste en mi cama.  
Tampoco nunca preví que iba a aprender (otra vez) a quererte tanto, de la forma mas sana que quise jamás. 

No, todo eso no lo ví.

Pero definitivamente, a lo que nunca hubiera llegado ni en mis pensamiento mas volados, era a saber que nunca te dejé de querer, y que en cualquier plano astral y en cualquier universo, si me invitas una birra siempre voy a estar. 

viernes, 19 de febrero de 2021

Perdón

Estos días de encuentros un poco me sirvieron para acordarme de cosas que había dejado bien enterradas, haciendo presente una vez más que nada desaparece, que todo se guarda y que el paso del tiempo no tiene gobierno allí, en esa zona oscura y tormentosa que sólo uno supo nombrar. Que las cosas se sienten intactas cuando resurgen y que acomodarlo en palabras es la única manera de que entren a formar parte de la lógica aristotélica en la que vivimos.

No quiero molestarte, ni eclipsar tus momentos, solamente quiero aparecer un instante para pedirte perdón. 
Éramos chicas, no es excusa pero ayuda un poco a entender. 
Te quiero, te querré y te quise siempre. 

lunes, 3 de agosto de 2020

Desvelo

Me di cuenta que en las noches de desvelo,
me tranquiliza y me acompaña,
escuchar la cadena del baño,  
del vecino de arriba.
Oda a ese simple movimiento,
que me abraza,
que me asila.

jueves, 21 de mayo de 2020

Capacidad

Tenes esa hermosa capacidad 
de habitar tan fuerte los espacios 
y dejarlos 
aparentemente vacíos 
al instante que te vas.

Por suerte ya estamos grandes, 
y después todo vuelve a la normalidad.