El idioma castellano tiene la particularidad más preciosa y difícil de explicar a cualquier extranjero que es la diferencia entre el ser y el estar (y también entre el querer y el amar). No se exactamente lo que dice la RAE pero vamos a confiar en que podemos moldear un poco el lenguaje y vamos a decir que lo que solemos denominar bajo la categoría del “ser”, es una esencia que se configura atravesada por la variable del tiempo, y que en cualquier momento se puede cortar por un estar.
En el imaginario social el ser es permanente y el estar es momentáneo, pero sí volamos un poco más podemos reconocer que cualquier cosa que catalogamos en la categoría de ser es en realidad una fantasía de identidad, y que sí bien no descartamos la categoría, la vamos a cruzar con la variable tiempo para hacerla funcionar.
Lo que decimos que somos, es en realidad un estado extendido en el tiempo, y en cualquier momento puede ser interrumpido. Cosas que denominamos bajo la categoría de ser, un nombre, una identidad sexual, una profesión o un estado civil.
La versatilidad humana pareciera ser, entonces, de las aptitudes más importantes en esta vida en constante movimiento. Aprender a dejar de estar, a no-ser. En definitiva, lo que empezamos a padecer en el ejercicio de la adultez.