martes, 7 de abril de 2026

Abrazos

Tenía 12 años cuando empecé a escuchar Led Zepp, sin saber que era el inicio del vínculo más estable de mi vida.

Mis intentos fallidos con la monogamia vendrían a reprocharme la aclaración que no es el vínculo con la banda, sino con los efectos del Rock n’ Roll en el cuerpo. Lo vincular visto como algo genérico, que si bien requiere de la impronta única que hace a los vínculos particulares, no deja de ser una manera de abrazar, al mundo y a los otros. Si nos preguntamos desde dónde nace lo vincular en cada uno, no podemos más que señalarnos a nosotros mismos y las fibras más carnales de nuestro deseo, carnales porque lo vincular hace real el encuentro del deseo con el mundo, y usa el cuerpo como vehículo. 

Hay algo en lo instrumental que nos atraviesa, y que nos hace sentir sin tocarnos. Como una brisa que moviliza montañas inconscientes, o un suspiro que mueve escudos imaginarios. En Alemania me faltaron muchos abrazos, y en un intento de escaparle a la soledad con auriculares inalámbricos, me (re)encontré con la alta fidelidad de ese calor que sólo marca el compás.