Llegando a los 30 descubrí que hay mucha más gente más joven que yo de la que había antes. Me di cuenta de muchas cosas, muchas cosas que ya sabía, pero como me enseñó el psicoanálisis: no es lo mismo saber que darse cuenta.
Me di cuenta que el tiempo pasa en una sola dirección, y que la certeza de la vida, la muerte y el paso del tiempo son en realidad las ideas más distópicas a las que me he tenido que enfrentar. No parece que fueran reales, porque no se pueden racionalizar, y entonces como buena casi treintañera que mira a la adultez a la cara y le dice: you shall not pass, me enfrento a que las cosas más importantes de la vida son incapaces de ser racionalizadas y, sí bien sigo encontrando refugio en mi carrera profesional, emocionalmente me abro a dejar dejar ir ese guidance racional que tanto me ha sabido identificar, y me conecto con un presente menos superyoico y más emocional.
Esto no implica no entender el sufrimiento propiamente capitalista ligado a las condiciones materiales de existencia que ha sabido extender este sistema y alcanzado con él a cada ser humano, sino entender que al momento de hacer un análisis más individual y personal de mis deseos y de mi futuro, el psicoanálisis lacaniano tiene muchas más respuestas de las que pudiera imaginar.
El encuentro con el lenguaje hace que sea imposible que la respuesta a la pregunta por la identidad no esté atravesada por el deseo del Otro que me es heredado, y es sólo reconociendo esa mediación que puedo acceder a conocer algo de mi deseo, en lo que digo, pero también en lo que callo y repito.
La vida adulta viene entonces acompañada del terminar de la ilusión. Andy dijo: “I wish there was a way to know you're in the good old days before you've actually left them.”. Y es exactamente en este momento donde elijo saberme pisando ese terreno. Los rasgos obsesivos hacen que me salga exigirme disfrutarlo, sin tomar en cuenta que trabajar bajo presión nunca fue lo mío, y en realidad esa exigencia va totalmente en contra del profundo deseo de tranquilidad en medio del caos al que tanto aspiro.
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